La función de un Museo es atender a toda la sociedad, que toda la sociedad se sienta representada en sus fondos, en sus exposiciones. Si sólo una parte de esa comunidad tiene la posibilidad de pertenecer, de uno u otro modo, al museo, de verse reflejado en él, entonces el discurso, la narración irá unívocamente en un sentido. Durante mucho tiempo las mujeres no formaban parte de los museos; de hecho, la famosa performance de las Gorilla girls hablaba de este tema: de que sólo podrían entrar las mujeres si estuvieran desnudas al MoMa, por ejemplo. Porque las mujeres eran vistas como modelos o musas. Un Museo del siglo XXI tiene la obligación de incorporar un proyecto incluyente, un proyecto proporcionado a la sociedad y a los tiempos. Hemos comenzado en el año 2000 a elaborar ese discurso, a proponer una historia compartida, entendiendo que una programación que incluya al género no es sólo una programación que contemple las exposiciones de las mujeres artistas. Es, para nosotros, una programación que tenga en cuenta todo el entramado que hay detrás y contribuya a que las diferencias y desigualdades se acorten cada vez más. Es un discurso que ponga sobre la mesa las dificultades de las mujeres artistas, curadoras, críticas, guías, directivas, para llevar a cabo su trabajo compitiendo en condiciones desiguales. Es hablar de adecuar las instalaciones para que sean habitadas por las mujeres, con todo lo que ello implica, es contribuir a que los medios conozcan y reconozcan el trabajo de las mujeres, es, en definitiva, repartir las cartas de la baraja de un modo más equitativo. En eso estamos y en eso seguiremos. Aquí va una síntesis del trabajo realizado en estos años y de los desafíos que hemos afrontado para poder estar a la altura de los tiempos.
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