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miércoles, 21 de enero de 2015

RESPONSABILIDAD SOCIAL DEL MUSEO [ INVESTIGAR, CONSERVAR, DIFUNDIR Y HACER DIDÁCTICA

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RESPONSABILIDAD SOCIAL DEL MUSEO
[ INVESTIGAR, CONSERVAR, DIFUNDIR Y HACER DIDÁCTICA ]
Hoy en día es muy común hablar da función social de los museos. Con la aparición de la Nueva Museología, asociamos los museos al desarrollo social y ambiental, al compromiso de las comunidades en sus actividades. Pero en la práctica, en muchos casos, esta función es confundida y/o relegada a la acción de los servicios educativos o a una mayor visibilidad y apertura de las instituciones a actividades culturales más allá de sus responsabilidades directas con el patrimonio que estas albergan. Y son muchos los casos,  donde dichas actividades discurren de un modo paralelo, sin reflejar contacto o diálogo alguno con el contenido preservado por el museo. Incorporamos tendencias, sin reflexión ni adaptación a nuestro contexto, a nuestra realidad.
Partiendo de la definición de museo y de la didáctica como motor de cambio de la museología, podemos resumir dicho papel en la acción de mediar. El concepto de mediación piensa la institución cultural como transmisora de un acervo común que reúne a los participantes de una colectividad y que les permite reconocerse. Es en este sentido, y por medio de su cultura, que el individuo percibe y comprende el mundo y  su propia identidad. El museo debe crear comunidad, debe ser percibido por su público como un punto de encuentro y sinergias, de crecimiento y de reconocimiento. Y para reconocernos, necesitamos haber generado previamente un vínculo. Y la mediación provoca, alienta, propicia la creación del vínculo a través de la experiencia. Y esa acción ejerce de puente entre el contenido patrimonial de la institución y el individuo. El patrimonio cultural se mantiene vivo, se reactiva, repercute e impacta en el desarrollo social de la comunidad. Mediante ese vínculo, se lleva a cabo al mismo tiempo la inclusión, la integración del individuo como parte de un todo.

En 2006 el museo seguía siendo un medio de comunicación con credibilidad, de legitimación, lo que me imprimía un mayor compromiso como gestora y gerente para con la sociedad. Desde entonces, y posicionada en el campo científico de la museología social, prefiero hablar de la “responsabilidad social de los museos” y no de la “función social de los museos”, siendo esta nueva museología el motor que me posibilitó un cambio de enfoque. Pretendía construir un museo para y con un público heterogéneo, contemplando toda su diversidad social, cultural, generacional, geográfica y educativa, atendiendo a cuestiones de género, accesibilidad, capacidad e integración. Un museo para y con los creadores y creadoras, para difundir y visibilizar nuestra riqueza cultural, artística y patrimonial en cooperación y diálogo con propuestas de índole internacional, impulsando a nuestros artistas hacia el exterior y enriqueciendo a nuestra ciudadanía.
Y en cuanto a la desigualdad de género, el museo tenía mucho terreno por remover. Aún que en las últimas décadas asistiésemos a muchos avances, y se pueda hablar de una aparente paridad de oportunidades, el reconocimiento artístico femenino seguía y sigue siendo muy minoritario respecto al de los creadores hombres.


E para iniciar una transformación consecuente neste eido, o primeiro chanzo da escada era una análise profunda e minuciosa desta situación.