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lunes, 12 de septiembre de 2011

Más que un guía, un nuevo especialista. El guía y la escuela.

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Más que un guía, un nuevo especialista. El guía y la escuela.

Por Esteban Maciques Sánchez.

Cuando hablamos del guía de una exposición, nos estamos refiriendo a una persona que se está formando en una nueva profesión, a caballo entre el magisterio, la animación cultural y la psicología. Su campo de estudio no sólo es la exposición, sino las necesarias relaciones que se establecen entre ella, el público y su propia actuación. Es por eso que los resultados de la labor del guía inciden, no sólo en el visitante, sino sobre sí mismo y, claro está, sobre la exposición.

Para el guía la exposición no sólo es un "objeto de estudio", sobre el cual se va a transmitir un contenido, sino el pretexto para crear hábitos, consolidar o formar habilidades relacionadas con el conocimiento. El guía tiene que hacer ver mecanismos de aprendizaje (sin didactismos) y, al mismo, aprovechar todo los procesos de descubrimiento que ponga en práctica para su propio beneficio.

Lo expuesto está en consonancia con algunos de los principios básicos de la pedagogía de Freire (1975, p. 35), quien consideraba que, la actitud verdaderamente humanista lleva a considerar a las personas en el proceso de enseñanza-aprendizaje como:

"a) no más un educador del educando;
b) no más un educando del educador;
c) sino un educador-educando con un educando-educador.

Lo que significa:

1) que nadie educa a nadie;
2) que nadie se educa solo;
3) que los hombres se educan entre sí, mediatizados por el mundo."

Estos principios tan modernos y de tanta actualidad, resumidos de esta manera en el año 75 del siglo pasado, están aun por aplicarse consecuentemente, no ya en el ámbito de la enseñanza de la exposición, sino en el de la escuela, para los que estaban pensados, por lo que de alguna manera se puede tranquilizar la consciencia del guía. En nuestras escuelas de hoy en día todavía prima la "oposición" MAESTRO-ALUMNO, el magister dixit (cuya traducción literal es "el maestro ha dicho", o sea, la palabra indiscutible del maestro), precisamente lo contrario de lo postulado por Freire.

Existe una amplísima (y dispersa) bibliografía sobre la relación entre el Museo y la escuela. En ella, la figura del guía muchas veces se confunde con la del maestro que se prepara para enseñar una exposición, o por sí mismo, o con la ayuda del Museo. Lo cierto es que, si hemos leído cuidadosamente lo relativo a las características propias de la formación del guía y de la puesta en práctica de su actividad, guía y maestro, aunque tienen indiscutibles puntos de contacto, se diferencian esencialmente.

Dado el caso de que no pudiéramos caracterizar al guía lo suficientemente, como para no distinguirlo del maestro, podemos llegar a esta diferenciación, invirtiendo la lógica: preguntemos al maestro: ¿es usted el guía de la exposición? La respuesta suele ser curiosa. "No tengo tiempo para eso". La falta de tiempo del maestro, para dedicarse a la tarea de ser guía, se debe a que la escuela lo "consume", en muchos casos no sólo figuradamente. Pero al maestro no sólo le falta tiempo, le falta también la experiencia en el trabajo con los objetos, el conocimiento de cómo valerse de ellos para enseñar.

Quien tiene todo su tiempo para estudiar la exposición, analizar sus posibilidades didácticas, establecer las formas de transmisión, crear y desarrollar actividades con la exposición, ese, es el guía.

La colaboración Museo-escuela o, lo que nos interesa, en un sentido más amplio, exposición-escuela, siempre resulta para la segunda una actividad secundaria: "En Francia, las relaciones Museo-escuela revelan, más que un verdadero partenariado cultural-educativo, una colaboración circunstancial" (Buffet, 1995, p.47).

Lo citado no sólo tiene validez para Francia. Y hago la referencia a la situación con los Museos, para que se entienda la dificultad (bien la conocen los coordinadores de exposiciones) a la que nos enfrentamos, cuando se trata de exposiciones puntuales, itinerantes, transitorias.

Una de las cuestiones que deben quedar claras está en las diferencias que existen, desde el punto de vista educativo (métodos por los que se alcanza el conocimiento) entre la escuela y la exposición:

1- la relación es de complementación, no de paralelismo: la exposición tiene un desarrollo corto en el tiempo y en el espacio, la escuela establece una progresión didáctica que cuenta con mayor distribución temporal. El conocimiento de esta diferencia nos sirve para hacer ver que nuestra actividad va dirigida a la ampliación y profundización de aspectos tratados en la escuela. Esto obliga al guía a un conocimiento de la actividad escolar.

2- La complementación que hace la exposición de las materias tratadas en la escuela no debe entenderse por esta última como si de un escaparate se tratara: un lugar al que vamos a ver algo. Esto nos obliga a crear actividades que animen culturalmente la exposición.

3- La enseñanza escolar, ya lo hemos dicho, es normada, se realiza dentro de un aula. El guía debe aprovechar la "salida" del grupo fuera de la escuela, por la motivación que esta misma conlleva. Saber lo que estos conocen como camino para acercarlos a lo desconocido, que presenta la exposición, y así llevarlos a nuevos conocimientos, es un camino de estimulación en sí, del que dispone el guía.

4- La exposición, por su novedad, propicia la espontaneidad (rompe la formalidad académica), lo que condiciona favorablemente la realización de actividades y de juegos (para crear el conocimiento activo y despertar la sensibilidad).

5- El encuentro con los objetos, en la exposición, es el mejor camino para enseñar a describir, a analizar, incluso, para despertar el "gusanillo" del interés por la investigación.

El aprovechamiento de estas diferencias, por parte del guía, será la mejor manera de HACER VER LA UTILIDAD DE LA EXPOSICIÓN, a la escuela y a los estudiantes. Para la primera, es la forma práctica de que se sensibilice la institución, a los efectos de lograr una mayor colaboración. Para los segundos, es la vía de que la exposición comience a formar parte de sus necesidades culturales, como el cine o los conciertos.

Desde luego, también hay formas administrativas para conseguir acercamientos. En este sentido, nunca se agotan las posibilidades de actuar.

Después de visitas, de dar a conocer planes de exposiciones y sus objetivos, nunca está de más recordar, enfatizar. El guía debe ser también un animador cultural en este sentido, y apoyar a la institución con la cual colabore.

A continuación reproduzco un modelo de comunicación, tomado de Hauck (1982), y adaptado a nuestras necesidades:

Estimado profesor:

Esta carta está destinada a su uso, con la clase que usted dirige, antes de la visita a la exposición "Así se escribe la historia" que podrán ver del día-- al día-- en nuestro centro cultural.

Desearía que transmita a su clase que:

1- Esta exposición les ofrecerá la oportunidad de acercarse al nacimiento de la escritura y a su desarrollo a través de numerosas culturas.
2- Se pueden ver numerosos objetos raros y difíciles de encontrar reunidos fuera de esta exposición.
3- Se ofrece una información y se invita a acercarse a los objetos con el ánimo de aprender de ellos, y de llegar a conclusiones entre todos.
4- La visita a la exposición facilita una forma de aprender, disfrutando de lo novedoso de la muestra y desarrollando nuestras habilidades de observación y de pensamiento.
5- Los objetos de esta exposición sólo se pueden ver, no tocar, pero realizaremos actividades relacionadas con ellos, que servirán para "apropiarnos" y entender mejor dichos objetos.

Invitamos a sus estudiantes a que visiten la exposición y a que la vean como un lugar en el que se pueden divertir y aprender al mismo tiempo.

Para fijar el día de su visita, desearía se pusiera en contacto con tal, en el teléfono tal y, de ser posible, me gustaría tener con usted una breve entrevista.

Le saluda,

El GUÍA

Antes de terminar el tema de la relación exposición-escuela, se hace necesario que diferenciemos la función educativa del guía, en dependencia del tipo de exposición que enseñe.

Cuando un guía enseña una exposición permanente, sea de una galería o Museo, cuenta con un objeto de estudio (la exposición) que se caracteriza por su "estabilidad": sufre variaciones mínimas desde el punto de vista de su montaje. Esto le permite poder establecer con grupos concretos de las escuelas "sistemas de visitas", a los efectos de graduar la forma de acercamiento a los objetos, temas (zonas), actividades. Las exposiciones permanentes, sobre todo la de los Museos, son fuentes inagotables de exploración, de investigación, y su enseñanza debe programarse como los mismos programas educativos de las escuelas, con tiempo y minuciosidad, preferiblemente con la aprobación última de los responsables de grupos y niveles a los que están destinados.

La exposición transitoria y la itinerante tienen en común la temporalidad. Esto, a pesar del interés que puede despertar una muestra que se exhibe por excepción por un tiempo, es un factor en su contra, ya que impide la sistematicidad y la profundización de las exposiciones permanentes. El guía tiene, entre sus funciones fundamentales, la de dar a conocer estas exposiciones como "oportunidades que se presentan y HAY QUE APROVECHAR", y contribuir al mencionado aprovechamiento.

Madrid, 2000-2005. arriba

Fuentes.

Buffet, Francoise (1995): “Entre escuela y museo: ¿el tiempo de partenariado cultural educativo?” En: Publics et Musées, nº 7, janvier-juin, Presses Universitaires de Lyon.
Freire, Paulo (1975): Pedagogía del oprimido, ed. Siglo XXI, Madrid.
Hauck Booth, Jeanette y G. H. Krockover (1982): Creative Museum Methods and Educational Techniques, Charles C. Thomas, Illinois, U.S.A.