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viernes, 11 de marzo de 2011

Lección de economía en el Museo del Prado

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Lección de economía en el Museo del Prado
Escrito por Montserrat Casado Francisco   
Sábado, 05 de Marzo de 2011 10:35
La economía es la ciencia que estudia la manera en la que las sociedades emplean los recursos escasos para producir bienes del modo más eficiente, con una finalidad concreta: la mejora de las condiciones de vida de los individuos. La actividad económica es compleja, en ella intervienen millones de agentes (empresas, trabajadores, instituciones…), se producen infinidad de bienes y, acaso lo más importante, sus resultados deben traducirse en mejoras sustanciales para los ciudadanos. Abordar aspectos básicos en una única lección exige, necesariamente, un trabajo de síntesis. Ahora bien, si el lugar elegido para impartir la clase, aunque sea de manera metafórica, es un museo del calibre de El Prado necesariamente el esfuerzo es mayor. Tres son los hilos conductores de esta peculiar visita: la estructura esencial de toda economía, el papel del mercado y el impacto de la vida económica en la vida de las personas. Cada uno de ellos será explicado frente a las obras maestras contenidas en este museo. En otras palabras, las pinturas de El Prado serán los soportes explicativos para repasar los principios económicos arriba citados. La pinacoteca es rica en obras de claro contenido económico, por ello la decisión de emplear únicamente dos se debe exclusivamente a la necesidad de síntesis en esta primera lección introductoria. 
La estructura económica de cualquier país está formada por la capacidad productiva de sus sectores: primario (agricultura y ganadería), secundario (industria) y terciario (los servicios). La agricultura es la base principal de la economía, toda vez que facilita los medios para alimentar a la población. Su importancia ha ido variando en el tiempo, en consonancia con el avance de las sociedades, desde un modelo tradicional sin apenas avances tecnológicos y de autoconsumo, al actual sistema agrario mucho más vinculado al resto de las ramas productivas y conectado a los mercados internacionales. Las pinturas de San Baudilio de Casillas de Berlanga tanto la Cacería de liebres como la Cacería del ciervo ilustran ese sector agrario dominante en aquella España inmersa en el proceso de Reconquista. La actividad es de mera subsistencia, generalmente para el propio consumo y con baja incorporación de progreso técnico, por lo que sus rendimientos eran bajos. No obstante, tanto la ballesta como el estribo que figuran en las dos obras deben interpretarse como instrumentos de mayor complejidad tecnológica que facilitaban un aumento de productividad. El creciente uso del hierro en la fabricación de herramientas para el atalaje de los animales de labor supuso un uso más eficiente de la fuerza animal y aumento de ésta repercutiendo directamente en aumentos de las producciones agrarias (Sebastián Amarilla, 2005). Las denominadas innovaciones medievales (collera, herradura, estribo…) fueron mecanismos potenciadores del aumento de producción agraria y ganadera y por ende, jugaron un papel dinamizador de la economía en su conjunto. Así, la introducción del estribo en la Europa de los siglos VII y VIII permitía una mayor estabilidad y permanencia del jinete sobre el caballo, lo que redundó de inmediato en mayor productividad bien del guerrero o bien del cazador (Tortella, 2005).
Por otra parte, el cuadro Ceres y dos ninfas de Peter Paul Rubens constituye una excelente representación de la agricultura. Ceres, la diosa romana identificada con la deidad griega Deméter fue, según la mitología, la encargada de enseñar las artes agrarias a los hombres. La palabra cereal, que se aplica a las plantas gramíneas cultivadas y a sus granos (trigo, cebada, centeno etc), deriva de las fiestas que se hacían en honor de esta diosa. En la obra, Ceres mantiene con su mano izquierda dos mazorcas de maíz y con su mano derecha sostiene el cuerno de la abundancia que es rellenado por las ninfas con múltiples frutos, ambiente completado por dos pájaros que configuran una atmósfera de abundancia y variedad de productos; características ambas de los actuales modelos agrarios en los países más desarrollados en los que la diversidad de la oferta está garantizada por la importancia que adquieren los intercambios internacionales de producciones agrarias, independientemente de la estacionalidad o de las condiciones productivas de sus respectivos suelos.
Los procesos de transformación de materias primas en nuevos bienes, tanto intermedios como finales, mediante procedimientos físicos o químicos se conoce como industria. Su importancia en las economías es clave toda vez que las ramas industriales son las piezas esenciales para el crecimiento económico. La alta consideración de la industria en la estructura económica de un país se justifica, entre otras razones, por la mayor capacidad para generar innovaciones en su interior, tanto de productos como de procesos, así como por su potencial para difundir innovaciones técnicas al resto del sistema o la mayor productividad del trabajo. El museo ofrece múltiples ejemplos para ilustrar este sector, aunque por la fuerza expresiva y la relevancia de los autores se han seleccionado dos referentes mundiales de la pintura española: Las Hilanderas de Velázquez y la Alegoría de la Industria de Goya. La elaboración de tejidos está estrechamente relacionada con la vida del hombre, primero para cubrir sus necesidades básicas de abrigo y después como mecanismo de diferenciación; los paños finos, las sedas y otros ricos tejidos constituyeron durante toda la época medieval la principal actividad artesanal de toda Europa y el núcleo principal de los objetos comerciables. En la obra de Velázquez la transformación de la lana queda en un primer plano. El empleo de ruecas, husos y devanadoras manuales ejemplifica el proceso de transformación de una materia prima (lana) en bienes de uso intermedio (hilos) empleando tecnologías sencillas. Hasta mediados del siglo XVIII no tuvieron lugar una importante oleada de innovaciones, esencialmente en Inglaterra, que supusieron transformaciones económicas y sociales de magnitud antes desconocida. Este fenómeno se conoce como la Revolución Industrial y fue, entre otros, la industria textil una de las ramas económicas en las que primero se materializaron los cambios tecnológicos de mayor calado. Por su parte, el cuadro de Goya es un claro tributo a la obra citada de Velázquez habiendo elegido un tema casi idéntico para elaborar su alegoría de la industria; encargo de Godoy como mecanismo justificativo de la voluntad ilustradora que guiaba su política.
                                       













Los servicios constituyen las actividades económicas más importantes en las economías desarrolladas. Casi el setenta por ciento de la producción y del trabajo en un país como España se deben a los servicios (Picazo y Gil, 2009; página 217). Entre las ramas más destacadas están las relacionadas con las actividades comerciales y las turísticas, especialmente en una economía como la española en la que el turismo tiene un papel primordial (aproximadamente el diez por ciento del producto interior bruto). Por ello, entre las obras del museo se han elegido dos: Alegoría del comercio de Francisco de Goya y La Riva degli Schiavoni en Venecia de Martín Rico. En la pintura de Goya dos mercaderes, uno de ellos de marcado carácter oriental, repasan sus cuentas mientras los sacos de dinero y los fardos están bajo la mesa. Una cigüeña acompaña al grupo; clara alegoría de valores como la confianza y lealtad, factores básicos en los intercambios comerciales. Por su parte, la obra de Martín Rico permite ilustrar la importancia del turismo, toda vez que Venecia ha sido uno de los primeros destinos viajeros en el mundo. A este respecto resulta de interés destacar la diferencia entre el turismo que se realizaba hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando viajar era privilegio de una minoría y el efectuado hoy día. El abaratamiento del precio de los transportes, de las comunicaciones y, muy especialmente, el modelo económico dominante a partir de los años sesenta en el mundo desarrollado, en el que las jornadas de trabajo se redujeron y las vacaciones pagadas comenzaron a extenderse entre los trabajadores, constituyen algunas de las razones explicativas del modelo turístico.
                          











La mayoría de las decisiones económicas se toman en los mercados, especialmente en las economías desarrolladas (Samuelson y Nordhaus, 2002). Los mercados son los mecanismos mediante los cuales los compradores y los vendedores acuerdan precios y cantidades de bienes o servicios a intercambiar. A pesar de lo que se proclama en los libros, los mercados distan mucho de ser perfectos, en el sentido de que ajustan exactamente las decisiones de oferta y demanda, pero a lo largo del tiempo se han mostrado razonablemente eficaces como motor para el funcionamiento de los sistemas económicos. Las obras Mercado de Joachim Beuckelaer y Rubens pintando la alegoría de la paz de Luca Giordano constituyen unas herramientas explicativas muy apropiadas para destacar aspectos básicos.
El cuadro de Beuckelaer de mediados del siglo XVI constituye una espléndida representación del mercado como lugar físico donde se ofrecen y se demandan diversos productos. No puede olvidarse que en esos momentos se vivía, especialmente en Europa, un dinamismo notable de los intercambios entre el campo y las ciudades; fenómeno paralelo al crecimiento económico y urbanización experimentado por las sociedades europeas. Entre las zonas más urbanizadas de aquel período, tal como se destaca en el trabajo de Bernandos y Hernández (2005), estaban Holanda y el norte de Italia, con tasas del 30 por ciento y 22 por ciento, respectivamente, de la población residiendo en ciudades de más de 50.000 habitantes; valores superiores al promedio de la Europa Occidental (12,3 por 100). Por ello, las ciudades se configuraban como los espacios potenciadores de los intercambios, tanto con el campo más próximo, como con otras urbes, reforzando los lazos comerciales y facilitando la especialización regional. El cuadro de Beuckelaer brinda una imagen clara de los oferentes de productos básicos (leche, animales vivos…) y productos ya elaborados (pan, queso…), posiblemente procedentes del campo, ilustrando la realización de las operaciones de intercambio, con ajustes de precios y cantidades, entre quienes ahí aparecen y los demandantes, no presentes en la escena y seguramente habitantes de núcleos urbanos.
Por su parte el cuadro de Luca Giordano tiene un contenido más simbólico. Un tema mitológico en el que el dios de la guerra, Marte, es rechazado por su amante, Venus, sirve para representar las funestas consecuencias de la guerra y, por oposición, los efectos de la paz. El juego de opuestos, como el ruido ensordecedor de los cañones, característico de las contiendas, frente a la música del laúd o de panderetas que remiten al ambiente generado por la paz, facilitan la interpretación de las consecuencias negativas de la guerra sobre el comercio. El mercado no está explícito en la obra, pero dos consideraciones inmediatas derivan de su contemplación. Por un lado, el hecho de que los intercambios económicos se ven favorecidos por un clima de confianza. La inestabilidad generada por los conflictos tiene un efecto negativo sobre las operaciones económicas. A este respecto, resulta interesante, como ejemplo, el contexto de crecimiento económico e incremento del comercio mundial experimentado en las décadas posteriores de la Segunda Guerra Mundial, auspiciado por el clima de paz que se vivió en las economías desarrolladas. Por otro lado, el hecho de que instrumentos esenciales para la navegación, como el astrolabio y la esfera armilar, aparezcan tirados en una esquina puede interpretarse como la parálisis del comercio entre naciones; consecuencia de la suspensión de los transportes marítimos. En otras palabras, un clima de certidumbre constituye una condición necesaria, aunque no suficiente, para el funcionamiento normal del mercado, como ese ámbito de intercambio entre oferentes y demandantes de bienes o servicios. Por ello, la guerra como expresión máxima de incertidumbre afecta negativamente a la vida económica de los países, generando un entorno de inestabilidad que frena los proyectos inversores y reduce los intercambios.
Como ya se dijo al principio, la finalidad última de la actividad económica es generar bienestar para las sociedades. La medición de este término no es asunto fácil. La ciencia económica ha ido aproximándose a su cálculo mediante múltiples indicadores. El producto interior bruto per cápita, resultado de dividir el valor total de los bienes y servicios producidos en un país entre su población, es el de más amplia utilización. Sin embargo no es una herramienta perfecta, por lo que los economistas han ido aproximándose a la medición del desarrollo mediante instrumentos complementarios como, por ejemplo, el Índice de Desarrollo Humano elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, donde se integran aspectos relativos a la educación de la población o tener la posibilidad de gozar de una vida larga y saludable, entre otros, para aproximarse a la cuantificación del bienestar. Por todo lo anterior, el impacto de la actividad económica en la vida de la población se explicará ante dos obras: El ciego de la guitarra de Francisco de Goya y El chiquillo sentado de Victor Manzano.
La pintura de Goya ilustra bien la supervivencia en una sociedad pobre. Un aguador, un vendedor de melones y un ciego cantor constituyen los personajes centrales. La figura del aguador, representada por un hombre negro, con la espalda doblada expresa el esfuerzo físico de su trabajo que no es otro que vender agua potable. El ciego, ante sus limitaciones físicas para trabajar en una economía basada en la fuerza corporal, emplea sus habilidades y agudezas entreteniendo mediante el canto o el relato de historias, la mayoría de las veces con argumentos truculentos. Los tres personajes centrales comparten oficios con ciertas similitudes: oferten directamente sus productos (melones o agua) o sus servicios (entretenimiento) y precisan de constante movilidad en la búsqueda de sus respectivos demandantes. Por ello, la imagen es expresión de una economía de bajo nivel de desarrollo económico y social en la que no existe el menor atisbo de estado del bienestar. La oferta directa de agua potable supone la inexistencia de una infraestructura adecuada para el suministro de un bien básico como es el agua y la supervivencia vinculada a las limosnas indica la falta de mecanismos públicos de apoyo a los menos favorecidos. Al tratarse una pintura del último cuarto del Siglo XVIII puede resultarnos un anacronismo en la actualidad, pero no puede olvidarse que una buena parte de la humanidad está, hoy día, por debajo de la línea de la pobreza, por lo que, con variantes, esta imagen podría encontrarse en un nutrido grupo de países que constituyen el denominado Tercer o incluso Cuarto mundo.
El cuadro de Victor Manzano del año 1859 es una de las pocas obras de temática no religiosa en la que un libro adquiere un papel protagonista. Un muchacho está absorto leyendo, reflejando acaso el movimiento de alfabetización de las clases populares defendido por la élite ilustrada. No debe olvidarse que a mediados del Siglo XIX aproximadamente el 70 por ciento de la población española era analfabeta y únicamente un tercio de la sociedad podía considerarse alfabetizada (Maluquer de Motes, 2010; cuadro 7.4). No obstante, entre 1900 y 1913 se duplicó el presupuesto dedicado a instrucción pública, lo que explica la sensible reducción del analfabetismo que para el año 1910 alcanzaba la cifra del 51 por ciento. Estos datos ponen de manifiesto la pobre dotación de capital humano para la economía española; factor que condiciona el avance económico por cuanto dificulta la adopción de avances técnicos que facilitan el crecimiento económico. En otras palabras, no es difícil comprender que la España de finales del Siglo XIX era un país atrasado, en relación a las naciones europeas que habían liderado la Revolución Industrial, por lo que no era casual que los niveles educativos de su población resultasen muy por debajo de los países avanzados. Así pues, la educación se evidencia como consecuencia directa de las mejoras de la población, pero a su vez constituye una condición imprescindible para el crecimiento económico por su aporte directo a la productividad general del sistema. Por ello, tal como siempre defendieron las élites ilustradas en España, la educación es un arma cargada de futuro, tanto por el enriquecimiento personal para los individuos como por su contribución positiva al avance económico que habrá de traducirse, necesariamente, en mejoras para toda la sociedad. A partir de aquí, nuestro recorrido en esta lección introductoria ha terminado, y comienza para los alumnos el camino del aprendizaje entre las obras maestras de El Prado.

Montserrat Casado Francisco
Departamento Economía Aplicada II.
Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales.
Universidad Complutense de Madrid


BIBLIOGRAFÍA

Bernardos, J.U. y Hernández, M. (2005): “Europa se abre al mundo: crecimiento, crisis y divergencia. La edad moderna (1450-1650) en Comín, F; Hernández, M. y Llopis, E. (eds): Historia económica mundial. Siglos X-XX. Editorial Crítica. Barcelona.
Maluquer de Motes, J. (2010): “Crisis y recuperación económica en la restauración (1882-1913)” en Comin, F; Hernández, M. y Llopis, E. eds. Historia económica de España Siglos X-XX. Editorial Crítica. Barcelona.
Picazo, A. y Gil, S. (2009): “Sector Servicios” en García Delgado, J.L. y Myro, R. (eds): Lecciones de economía española. Editorial Civitas. Madrid.
Samuelson, P. y Nordhaus, W. (2002): Economía. Editorial McGraw Hill. Madrid.
Sebastián Amarilla, J.A. (2005): “La Edad Media (c. 1000-c. 1450). Configuración y primer despegue de la economía europea” en Comín, F; Hernández, M. y LLopis, E. (eds): Historia Económica Mundial. Siglos X-XX. Editorial Crítica. Barcelona.
Tortella, G. (2005): Los orígenes del siglo XXI. Un ensayo de historia social y económica contemporánea. Editorial Gadir. Madrid.