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sábado, 18 de diciembre de 2010

CDiscapacidades sensoriales y acceso al Patrimonio Cultural. Cuándo hay una razón para vivir, no importa el cómo. Octavio Paz ONTRIBUCIÓN JOSE URBANO CUEVAS :

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Discapacidades sensoriales y acceso al Patrimonio Cultural.

Cuándo hay una razón para vivir, no importa el cómo. Octavio Paz

El acceso al Patrimonio Cultural requiere al menos una de estas llaves, la educación artística inculcada por los padres, y/o la formación recibida en la escuela.

En mi caso, no cabría esperar mucho en ese sentido, de unos padres criados en la aldea, y emigrados a la gran ciudad en busca de una vida mejor. A causa del asma, mi padre no pudo trabajar en una fábrica de tractores, pero si en una empresa de artes gráficas, y gracias a eso, en mi casa ya había libros antes de que yo naciera. Mis padres, apenas tenían estudios, pero me enseñaron a leer y me ayudaban con los deberes en lo que podían, y siempre me apoyaron en mi educación. Al cumplir los 4 años, ya sabía leer y adelanté en 2 años a mis compañeros de colegio. Mi deseo de saber, hizo que me gustara leer y me interesaran la Historia y el Arte más que a mis compañeros. Supongo que enlazaría la etapa de los “¿por qués…?” con el aprendizaje de la lectura.

Por otro lado, tenía en contra el ser sietemesino y sus consecuencias negativas congénitas. Mi discapacidad visual, corregida parcialmente con gafas desde los 4 años, y mi discapacidad auditiva, corregida con audífono desde los 7 años.

Otra barrera fue tener una “maestra” de párvulos, sin la formación de magisterio, que el aluvión demográfico del baby-boom del 75, requería en las ciudades.

A finales de los 70, apareció por el parvulario un señor vendiendo un cuento llamado “Tarde de Nidos”, pro “subnormales”, hoy “Síndrome de Down”. El buen hombre preguntó si había algún caso, y la “seño” dictaminó que yo era uno de ellos, y lo “confirmó” preguntando a los alumnos, que quién era el más vago, a lo que todos contestaron a coro mencionando mi nombre. El que yo no acabara los ejercicios, a la vez que los demás, o que no viera ni escuchara como los otros, se debía a causas sensoriales, y no a razones de inteligencia o intelectuales. En fin, corramos un tupido velo, sobre este colegio privado, o mejor dicho depravado.

Cuando empecé la E.G.B., en un colegio público, descubrí alucinado que podía jugar, y que lo normal era no ser humillado. Con el paso de los años, te das cuenta de que hay asignaturas que se te dan bien, y otras que no, cómo a todos los alumnos. También ibas aprobando por trimestres y sin repetir curso, lo que te situaba entre los “listos” de la clase.

Los encerados verdes oscuros, después de la primera pasada de borrador, se convertían en grises, y no contrastaban con la tiza blanca. Por tanto, sólo distinguía unas palabras de otras, pero sin leerlas, aún desde la primera fila. También tenía que estar pegado al escritorio del profesor para escucharle bien. La única forma de enterarme de lo que decía la pizarra era, ponerme de pie, al lado del encerado, e ir leyendo detrás del maestro o del compañero, lo que escribía. De ahí me quedó el apodo del colegio: “el mosquito de la pizarra”.
Cuándo pregunté si se podía cambiar el encerado verdegrisáceo, por otro de fondo blanco, en el que se escribiera con rotulador negro, y que se borraba con la mano, me contestaban que no me la iban a cambiar sólo para mí. Sin embargo, este tipo de pizarra tenía buen contraste, y era buena para todos los alumnos, incluido alguno que repitió un curso por estar varias filas más atrás y por no saber que necesitaba gafas graduadas.

Por cierto, en 1º de E.G.B. yo era el único “cuatro ojos” y en la segunda etapa (de 6º a 8º), “ya llevaban gafas” un tercio de la clase. Cuándo las cosas le pasan “a los demás”, ya no es igual que cuándo le pasan a mucha gente, aunque las cosas que les pasen sean las mismas.

En inglés, nos ponían canciones con la letra incompleta, por lo que entre los huecos en blanco y lo que no oías, no había forma de completar el ejercicio, y aprobaba por los pelos. Cuándo aparecieron los cursos multimedia, se complementaban los ejercicios, con subtítulos y audio, y gracias a eso aprendí inglés mejor. Esto facilita la comprensión de los discursos didácticos de la escuela y de los museos, siempre que sean accesibles a todo el mundo, y por varios sentidos o canales. Pese a todas las dificultades, logré aprobar todos los cursos en Junio, y obtener el graduado escolar con un Bien.

Un día, una vecina consiguió un trabajo de acompañamiento. Se trataba de llevar al colegio de la ONCE de Madrid, a una niña que sólo tenía un resto visual de visión en tubo. Se enteró de los requisitos de afiliación, se lo contó a mis padres, ellos me lo consultaron, fuimos a que me hicieran las pruebas, resulta que estaba dentro del límite y me afiliaron. Esto trajo las consiguientes ayudas de adaptaciones y becas, para el instituto y la universidad.

Gracias al atril, al telescopio de bolsillo y a la lupa, facilitados por la ONCE, pude enterarme y comprender mejor las materias de B.U.P. y C.O.U., y en la Universidad. Obtuve el Título de Bachiller con un Notable. Esto prueba que tener la información y los medios necesarios es fundamental, para transformar las discapacidades en meras dificultades, cambiando el entorno para que sea adecuado para todas las personas.

El Patrimonio Cultural, lo conocí a través de las excursiones con el colegio, los viajes de fin de curso, las excursiones organizadas por la ONCE, en excursiones de fin de semana con mi familia, o en otras hechas por mi cuenta.

No es lo mismo ir a un museo, y que por ejemplo no puedas ver las cartelas que identifican a los personajes, que poder usar el monocular de bolsillo, o una lupa, para leerlas e identificarlos. Lo mejor sería que las cartelas fueran más grandes y con contraste, entre la pared o peana, el fondo de la cartela, y una letra grande y legible.

Se objeta que eso le resta protagonismo a las obras de arte, por los que disfrutan del arte por contemplación estética. Esto es porque lo conocen, y si lo conocen, es porque lo aprendieron, por su cuenta, o porque alguien se lo enseñó. No todo el mundo tiene la suerte de haber podido aprender a través de la escuela, o de la familia, y hay gente que tiene que aprender en los museos “in situ”. Desde personas mayores, que no pudieron ir a la escuela por necesidad de trabajar, a inmigrantes, o incluso artistas autodidactas.

En algunas ocasiones participé en excursiones que incluían a personas ciegas, y fui testigo de la impotencia que genera el que no dejen tocar objetos. En una casa museo, so pretexto de la conservación, no dejaban tocar los muebles, pero tampoco los describían para que se pudieran hacer una idea. En otra ocasión nos tocó un guía turístico inexperto, que continuamente daba referencias visuales, acompañadas de gestos del tipo: “Allí, tenéis una fachada manierista”. Esto se hubiera podido evitar con una formación adecuada, explicaciones y adaptaciones en relieve, que de paso benefician a todo el mundo, porque hay gente que ve bien, pero que no comprende bien un dibujo en dos dimensiones, de una realidad de tres dimensiones.

Siempre que iba a alguna excursión, me convertía en la sombra del guía, no sólo por la dificultad auditiva, sino para absorber todo el conocimiento que pudiera.

Otras veces el acceso al patrimonio era más equilibrado. Yo dependía de mis padres para llegar al sitio en coche, por ejemplo una excursión a Toledo. Sin embargo ellos dependían de mí, para tomar la iniciativa de hacer el viaje, y para las explicaciones acerca de lo que visitábamos, (merced al estudio de la guía de viaje que yo sacaba de la biblioteca pública).

Como dije antes, nadie nace enseñado en el conocimiento, el respeto y el amor al Patrimonio Cultural, y lo mismo se puede decir del resto de materias, entre ellas el trato adecuado a personas con capacidades diferentes. Algo imprescindible es que el personal de los establecimientos patrimoniales, tenga la formación adecuada. Pero una de las cosas que más ayuda a normalizar el acceso de estas personas al Patrimonio Cultural, es que entre este personal se encuentren personas con discapacidad, porque les sirven de referente y de modelo. A mi experiencia me remito.

Durante un año, trabajé en el Museo Provincial de Lugo, como guía y además en el Departamento de Accesibilidad y Capacidades Diferentes. Entre sus logros destacan: Conseguir un plano del museo en relieve para personas invidentes. También se hizo un proyecto de explicaciones de varias piezas, con distintos niveles de comprensión: público en general, personas sordas, alumnos de bachillerato, transcrita en Braille, y en pictogramas para autistas. Se promocionó el departamento en una feria de didáctica. También se dieron conferencias de sensibilización.

Actualmente estoy haciendo las prácticas del curso de Agente de Desarrollo de la Comunidad Discapacitada. Este curso teórico-práctico está promovido por el Ayuntamiento de Lugo, en el marco del proyecto Lugo Emprego Activo. La formación de este curso es genérica y aplicable a diferentes ámbitos: desde la Asistencia Personal, al trabajo en asociaciones, la información y dinamización de los familiares, las labores de acompañamiento, etc. Por lo que parece este curso ha tenido éxito y también está incluido en el Plan Provincial de Empleo de la Diputación.
Yo lo aplico en el acceso inclusivo al Patrimonio Cultural, por parte de personas con capacidades diferentes. Las prácticas las desarrollo en ALUME, la Asociación Lucense de Ayuda a Enfermos Mentales.

Mi trabajo consiste en preparar la visita, acompañar en la asistencia a actividades culturales, e informarles de otras actividades a las que puedan ir por su cuenta, fuera del horario de la asociación. La preparación de las visitas no sólo consiste en decir el lugar, hora y fecha de celebración del evento. Es necesario ir a ver el evento previamente, para saber realmente en que consiste. También es necesario hacer una motivación previa (igual que con cualquier otro colectivo, o visitante, aunque no siempre se hace), en su caso con imágenes, con un cártel, y con una charla explicativa para estimular su curiosidad y su interés. Además hay que adaptar el nivel de explicación, y los conceptos, debido a que la medicación les merma la atención.

Por ahora organicé una visita a una exposición de arte figurativa y un coloquio sobre historia de las religiones. Tengo preparada una visita a una exposición de arte contemporáneo, y otra a la redacción del periódico de Lugo. Otras actividades aún están germinando en mi cabeza a la espera de un día para realizarlas.

Me despido, esperando que esta modesta aportación contribuya a los objetivos de la mesa redonda y de estas jornadas, y les doy las gracias por su atención.


José Urbano Cuevas Mateo.