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lunes, 2 de noviembre de 2009

proyecto presentado de excavación claustro Museo de Lugo

E
PROYECTO ARQUEOLÓGICO
Claustro del Convento de San Francisco
(Museo Provincial de Lugo)








Objetivo:

Excavación del claustro románico del Convento de San Francisco de Lugo, actualmente integrado en las instalaciones del Museo Provincial de Lugo.
Monumento Nacional, bajo la denominación Antiguo Convento de San Francisco de Lugo, por Decreto 3 / 6 / 31 – Gaceta 4 / 6 / 31










1.-


Localización e historia.


El claustro objeto del presento proyecto de intervención arqueológica se encuentra adosado a la fachada N. de la Iglesia de San Francisco de Lugo, únicos restos conservados del complejo conventual franciscano




Fig. 1.- Localización, en recuadro, de la Iglesia de San Pedro y el Convento de San Francisco.









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Fig. 1.- Localización, en recuadro y en fotografía aéra, de la Iglesia de San Pedro y el Convento de San Francisco.


Fig. 3.- Localización detallada de la Iglesia de San Pedro y el Convento de San Francisco en el entorno de la Rúanova.









El origen de esta fundación conventual se sitúa en el siglo XIII, debiendo esperar hasta sus años finales, hasta 1285, para disponer de las primeras noticias documentadas. La fábrica de la actual iglesia, de planta de cruz latina, se data en el siglo XIV, si bien se considera la existencia de un ámbito anterior, de cruz griega en este caso.
Otros hitos, esta vez más concretos, en su historia vienen señalados por la conclusión de la nave principal hacia 1510, el incendio de 1638, el saqueo por las tropas napoleónicas en 1809, su desamortización y abandono en 1837, su transformación en iglesia parroquial bajo la advocación de San Pedro, en 1918 y la transformación de parte de sus antiguas instalaciones, vertebradas en torno al claustro, en dependencias del Museo Provincial de Lugo.
Dado el alcance de estas líneas, la presentación de un proyecto de intervención arqueológica centrado en el claustro, no parece del caso una descripción prolija de la actual iglesia de San Pedro, antigua conventual de San Francisco. No obstante, la innegable y primitiva relación entre ambos elementos, iglesia y claustro, nos obliga a anotar sus rasgos principales.
La iglesia actual presenta planta de cruz latina, a una sola nave con crucero y triple cabecera, orientándose en sentido E-W. Las dimensiones son de unos 50 m. de largo por 30 de anchura. La anchura de la nave principal, el transepto, así como la profundidad de la capilla mayor ronda los ocho metros. Ésta última presenta planta hexagonal mientras que ésta es pentagonal en los absidiolos laterales, con esquinales reforzados por contrafuertes en todos los casos que sirven para contrarrestar los empujes de las cubiertas nervadas que sirven de coronamiento a estos espacios. El resto de la fábrica se cubre con cubierta de madera destacando el magnífico artesonado de influencia mudéjar, de armadura octogonal, que corona el crucero. Las cubiertas son a dos agua, excepto en el crucero donde se alza un comborrio a cuatro aguas.
La fábrica general es de mampostería de pizarra, reservándose la sillería de granito para la cabecera, el transepto y la fachada. Ésta que serviría de frente a la primera fábrica de cruz griega, fue posteriormente desplazada, cuando al prolongar la nave mayor, la planta general de la iglesia se transforma en cruz latina.
La fachada primitiva, muy sencilla dispondría de un único hastial, reforzado en los extremos por contrafuertes escalonados organizados en tres secciones rematada por sendos tejadillos. En el frente, y resaltada sobre un pequeño enmarque, se abre la puerta derramada hacia el exterior y adornada con doble arquivolta de columnas acodadas que sostienen un arco de medio punto. Motivos geométricos y vegetales ornamentan los diferentes componentes volteados. Sobre la puerta, una gran ventanal gótico, organizado en tres secciones y con tímpano trilobulado ilumina la nave principal, proyectándose desde la altura del coro hasta alcanzar, por la parte superior, casi hasta la cumbrera del hastial de la fachada. Una torre añadida oculta el lateral NW de la fachada.
En cuanto a las luces, la cabecera se encuentra iluminada por altos ventanales de traza gótica, ajimezados, organizados en dos cuerpos de amplio desarrollo los de la capilla mayor y con un solo cuerpo los de las capillas laterales. Las vidrieras son de época moderna. Por su parte, el transepto se encuentra iluminado en la actualidad por un gran rosetón abierto en el brazo meridional, con tracería calada. De grandes dimensiones, las arquivoltas que definen los derramos internos y externos se encuentran profusamente decoradas con temas geométricos.
Otros ventanales, de pequeñas dimensiones y a manera de sencillos lucernarios, se abren el en cimborrio cuadrangular del crucero. Otras ventanas, de diferente tipología, se abren en el lateral meridional de la nave mayor, parcialmente cegadas por el añadido de la Capilla de la Soledad, de la orden tercera, agregada a esta iglesia por su lado sur.







3.-


Descripción del ámbito de intervención.

Remarquemos, en primer lugar, que este claustro, descrito pormenorizadamente en líneas posteriores, constituye uno de los escasos ejemplos de claustros medievales franciscanos conservados en España.
Quiere la tradición que este complejo conventual sea el sucesor de una primitiva casa franciscana, situada en la parroquia de Labio, a las afueras de Lugo, fundada en 1214 por el mismo San Francisco al regreso de su peregrinación a Santiago de Compostela, no emplazándose en su actual ubicación al menos hasta el siglo XIV.
En este mismo contexto cronológico, cabe advertir que el claustro, aunque de traza plenamente románica, se viene datando en pleno siglo XV, imperando ya el gótico, a tenor de la transcripción de dos placas epigrafiadas situadas respectivamente en los machones angulares S. y E. que nos remiten al año 1470, con la siguientes lecturas de Don Jaime Delgado ANO DO(mi)NI M / CCCCL XX ROY / LOPZ LICº MANDO FAZ ESTOS / MARCOS y la segunda ANO DE MILL CCCCLXX / ESTA OBRA COMENCO (¿) FREI / RODERICO DE (AGUIAR I LUACES).
El claustro se encuentra insertado en un espacio de planta irregularmente cuadrangular, midiendo unos 26 m. los tránsitos N, S y W, y uno menos la fachada N. Este hecho tendrá sus correspondientes repercusiones ya que, adaptándose al citado espacio, la traza general se corresponde igualmente con un cuadrado imperfecto. Así, tres de sus laterales, crujías S, E y W, se disponen en escuadra, cerrando levemente en oblicuo la correspondiente al lateral septentrional. De igual manera, esta ligera irregularidad asoma en la modulación de la arquería claustral.
Básicamente el conjunto queda conformado por tres grupos de arcadas en cada lado, apoyadas en dos machones rectangulares centrales y, a los extremos, en las respectivas escuadras esquinales. El arco central apoya en columnas exentas mientras que los laterales apean en columnas adosadas. Cada grupo consta de tres arcos de medio punto, por tanto con 36 arcadas. El conjunto se soporta sobre un muro corrido de mampostería de pizarra, de cerca de un metro de altura, coronado por albardillas graníticas de intradós irregular y cara superior alisada con baquetón en los extremos, por única decoración.
Los soportes son pareados, sumando 72 columnas monolíticas y graníticas, acompañada de basa, capiteles y cimacios moldurados comunes. De los cimacios parten los arcos de medio punto moldurados, con tres arquivoltas, más grande y sobresaliente la central, separadas por profundos cavetos, igualmente trabajados en granitos, con despiece de dovelados bastante regular.
Como queda indicado, los capiteles son dobles, uniendo las columnas pareadas, monolíticos, predominando en el repertorio decorativo los temas vegetales estilizados, especialmente derivaciones de la hoja de acanto clásica, percibiéndose también trazas geométricas, zoomorfitas y antropomórficos, escasos éstos últimos. Sobre los aspectos estilísticos y ornamentales nos remitimos a un estudio de reciente publicación (Ignacio Cabarcos Fernández; Basas, fustes y capiteles. Catálogo de elementos columnarios medievais no Museo Provincial de Lugo, Diputación Provincial de Lugo, 2005).
Sobre los cimacios, y a la altura del encuentro de las respectivas arquerías, se alzan pequeñas columnitas cuadrangulares, achaflanadas, con basas y capitales troncocónicos de sencilla traza, carentes de valor estructural.
Todos estos comentarios se pueden reducir, a la postre, en una serie de anotaciones resultantes de una medición detallada del claustro y de sus componentes según exponemos a continuación.


1.- Disparidad de medidas.

Esta se manifiesta en un doble sentido.
De una parte, las longitudes totales de cada uno de los lados que, medidos por su cara interna nos proporcionan las siguientes medidas.
Lateral interno N. = 21,80
Lateral interno E. = 20,10
Lateral interno S. = 21,95
Lateral interno W. = 20,89
Esto es, la oscilación entre los módulos extremos, pared W y S se eleva a casi 2 m. Por otra parte, los laterales S y N se encuentran bastante equilibrados, con una oscilación de apenas 15 cm. Por su parte, los laterales E y W presentan una divergencia algo más elevada, en torno a los 80 cm.
Desde esta perspectiva puede decirse que el claustro es levemente rectangular, con un eje mayor N – S, con una divergencia de casi 2 m.
En sus encuentros externos, los esquinales se ajustan a las siguientes coordenadas.
Esquinal SE = X - 617572 / Y – 4763335
Esquinal SW = X - 617591 / Y – 4763341
Esquinal VE = X - 617578 / Y – 4763318
Esquinal SE = X - 617597 / Y – 4763324

2.- Deformación de la traza.
Los laterales S, E y W se encuentran relativamente bien escuadrados. Por su parte, el lateral N, presenta un doble trazado. Así, el segmento comprendido entre el paso de acceso al jardín y el extremo NW se encuentra escuadrado con los restantes elementos. Sin embargo, el segundo segmento, entre el citado paso y el esquinal NE se encuentra enviajado, compensándose de esta manera, la diferencia de 70 cm. en la longitud total de ambas paredes, según se ha señalado en el apartado anterior.

3.- Pasillo
La anchura del pasillo, entendiendo por tal el espacio entre el muro corrido de la arquería y las caras murarias que delimitan el ámbito, ronda los 3,10 m. con escasas oscilaciones. Esta medida se conserva en el lateral S, hasta el saliente de los contrafuertes de la iglesia, alcanzando los 3,70 / 3,75 a la correspondiente pared.


4.- Muro corrdido.
El muro corrido, de apeo de los diferentes grupos de arquería, presenta una anchura más o menos uniforme que ronda, como media, los 72, con oscilaciones insignificantes derivadas de la talla irregular de las albardillas graníticas que constituyen el coronamiento de murete. En cuanto a su altura, medida hasta la cota de suelo actual, presenta algunas oscilaciones, con 84 cm. de media registrados en el lateral occidental; 90 en el lateral S y entre 100 / 105 en los restantes.

5.- Machones.

5.1.- Centrales.
En cuanto a los machones / pilares de descarga centrales sus dimensiones, con levísimas variaciones derivadas, como en el caso anterior, de una talla más o menos irregular, oscilan entre los 90 y los 95 cm. de anchura, con una media de 92 cm., por 72 de profundidad, correspondientes a la anchura del muro corrido y las correspondientes albardillas.

5.2.- Esquinales
De entre los machones, diferenciamos los correspondientes a las esquinas. Los correspondientes a las escuadras NW, NE y SE, parecen responder a un mismo patrón cosntructivo a tenor de la similitud de sus dimensiones, de 1,28 en cada una de sus caras.
Sin embargo, en correspondientes al ángulo SW presenta dimensiones más diferenciadas, de 115 (lado W) y de 2,10 (lado S).

6.- Sistema columnado.
Los diferentes volteos que componen las arquerías se apean sobre un sistema compuesto por basa, columna, capitel y cimacio, trabajados de manera independiente, y cuyas características pasamos a describir a renglón seguido.

6.1.- Basas:
Cabe diferenciar dos tipos de basamentos. De una parte los exentos, compuestos por plinto y dos basas circulares sobre las que se apean directamente las columnas. Sus medidas se repiten casi sin variación: 54 cm. de largo, por 30 de anchura y 27 de altura. A tenor de esto, se obtendrían de un paralelepipedo rectangular cuya altura resulta ser la mitad de su altura.
De otra parte, tendríamos los correspondientes a los machones centrales y angulares constituyen unidad de labra con los sillares inferiores de aquellos. Basas que, por otra parte, al formar unidad, tienen reducido su tamaño. En este sentido, sus dimensiones son las siguientes: 54 cm. de longitud, 22 de anchura y 27 de altura.

6.2.- Columnas:
Como se ha indicado las columnas son monolíticas, conformando apeos pareados. Sin embargo, su altura no resulta constante. Así, mientras en los laterales N, W y mitad SW presentan un desarrollo que oscila en los 1,05 m. como media, los correspondientes segunda tramo del lateral S (SE) y crujía E, miden entre 110 / 115 cm.

6.3.- Capiteles:
De manera casi constante presentan una altura de entre 35 y 40 cm, siendo su profundidad variable dependiendo del resalte del relieve decorativo, diferente en cada caso. No obstante, esta profundidad no supera de los 72 cm. de anchura, esto es, la correspondiente al ancho del muro corrido. La mayor parte de los capiteles se coronan con un pequeño ábaco o caja de enlace con el cimacio, de apenas 2 cm. de altura. No obstante, su anchura, de 30 cm. y su profundidad, de 54 cm., reproducen las dimensiones de las basas.

6.4. Cimacios.
Moldurados, como queda dicho, con una altura de unos 17 cm. por término medio, volando unos 10 cm. en su parte superior, sobre la cara externa de los capiteles.

6.5.- Columnillas.
Las columnillas que se disponen sobre los cimacios, a la altura del encuentro de los arcos, alzan 40 cm., distribuidos en 8 para el capitel y basa respectivas y 24 para el fuste, siendo éste, de esquinas achaflanadas según se ha indicado, de una anchura de 10 cm. Los basamentos de estas columnillas se resuelven en una sucesión de resaltes, toros y escocias, mientras que los vasos de los capiteles, presentan traza troncocónica, con ángulos achaflanados, ornamentándose con variedad de motivos vegetales y geométricos.

En resumen, la altura total de los cuatro elementos que conforman los apeos asciende a 1,90 m. por término medio, siendo de 2,65 m., igualmente por término medio, la altura total del arco, desde la cota superficial de la albardilla granita que corona el muro corrido, hasta el intradós de la clave del arco.

7.- Arquerías.
En este punto encontramos notables diferencias entre los vanos de los diferentes arcos y, por tanto, entre los diferentes conjuntos de arcos.
A continuación exponemos, a manera de cuadro sinóptico, las distancias de estos vanos medidas en la parte inferior, de basamento a basamento de los arcos de apeo.

Crujía Norte Crujía Sur Crujía E Crujía W
De NW / NE De SW / SW De NE / SE De NW / SW
Nº Vanos
1 124 167 140 110
2 134 166 140 118
3 126 167 138 112
4 214 142 140 164
5 213 139 137 160
6 212 140 139 162
7 140 138 138 168
8 141 140 138 169
9 136 142 140 172

Estas medidas nos sugieren algunos comentarios. En primer lugar, cabe mencionar la reiteración de una medida, la correspondiente a 1,40 que podemos considerar, como medida estándar a fuerza de ser la más repetida.
En este orden de cosas, la sucesión de arcadas en la crujía E. presenta una gran armonía en cuanto los longitudes de los correspondientes vanos, repetimos que medidos en base, que conforman los tres grupos de este lateral, rondan dicha medida de 1,40 con escasas oscilaciones.
Por su parte, los restantes laterales presentan descompensaciones de módulos bastante evidentes en los tres grupos que conforman las respectivas series de arquerías. Así, en la Crujía N. el primer grupo presentan vanos con dimensiones ligeramente desviadas, a la baja de esta medida estándar. A su vez, los tres arcos que conforman el grupo central presentan, por el contrario, una amplia desviación al alza, ya que rebasan por escasos centímetros de los dos metros, lo que hace de éste el grupo de arquerías de mayores dimensiones del conjunto. Finalmente, en el último de los grupos, ya en contacto con el esquinal NE, volvemos a observar dimensiones que, con escasas variantes, se sitúan en torno a esa media de 1,40 m.
Igualmente en la crujía sur se observan diferencias notables de medidas entre los tres grupos de arcadas. En este caso, el de mayor amplitud se corresponde con el primer tramo, segmento SW, en donde las amplitudes de los vanos rondan en torno a 1,65 m. Por el contrario, en los grupos central y SE nos hallamos, de nuevo, ante mínimas variaciones del conocido módulo de 1,40 m.







Resta por analizar la crujía occidental. Aquí de nuevo nos encontramos, como en la S, con dos grupos de arcadas de dimensiones más o menos equiparables, el central y el SW, pero con unas medidas promedio de 1,65 m, enlazando con el primer tramo del lateral S.
Este amplio desarrollo de los vanos en seis de los arcos debe forzar que el grupo restante, el tramo de NE, presente, por el contrario, las dimensiones más reducidas de todo el conjunto, con amplitudes de 1,10, 1,12 y 118 m. respectivamente.

8.- Sala capitular.
Abierta en ángulo NE de la crujía N se abren los restos de la que fuera sala capitular del Convento de San Francisco. Estos restos se concretan en seis apeos columnados, los laterales adosados a los remates de sendos muros de cierre, y cuatro exentos. Como en el caso del claustro, las columnas descansan sobre un banco corrido, de mampostería de pizarra con alabardillas o coronamientos graníticos, de mejor traza y factura que los primeros, con paso en su punto central. A destacar también su mejor estado de conservación por encontrarse a resguardo en esta esquina, sin sufrir una tan evidente degradación por causa de los diversos fenómenos climatológicos.
En paralelo a los apeos externos, los de la sala capitular se componen igualmente de basa, columna, capitel y cimacio, sobre los que descansan los correspondientes arcos.
En cuanto a las primeras, su traza, dimensiones y adorno general no difiere de las del claustro, por lo que no insistiremos en su descripción. Por su parte, las columnas presentan un mayor desarrollo en altura, alcanzando ésta 1,45 cm. por término medio. De igual manera, los capiteles presentan también vasos más altos, ya que su altura media es de 42 cm., superando en 5 cm. a los del claustro.
De esto se deduce que el acceso a la sala capitular presenta un aspecto más estilizado, alzándose la clave interna de las arcadas hasta una altura de 2,90 / 2,95 m. desde el remate superior del muro corrido de apeo. Esta sensación se ve incrementada por la menor distancia intercolumnal que, en el caso que nos afecta, es de tan sólo 1,25 m. de promedio. La longitud total de este acceso, y probablemente de la sala ya que, en los extremos se observan restos de los respectivos cierres, es de 8,30 m. aproximadamente.


Para completar la descripción de este ámbito, debemos ocuparnos también de claustro alto, que acaso ocupa dependencia antiguas demolidas. Se identifica con una obra del siglo XVIII, realizada bajo traza de Blas de Barro. Este cerramiento se encuentra separado de la obra románica por una moldura volada y, en armonía con el citado cuerpo inferior, cada paño se organiza en tres sectores separados por pilastras cajeadas adosadas poco resaltadas del paño general. Estas pilastras se alzan en la línea de los machones inferiores de separación de los diversos grupos de arcadas del claustro. En cada uno de los sectores se abren dos ventanas, 6 por lado y 24 en total, de tipo rectangular vertical, con . Los paños del cuerpo superior son lisos y como único adorno en los correspondientes a los laterales E, N y S se aprecian, en el punto central, sendos escudos con heráldica franciscana.
Las pequeñas disparidades señaladas en el cuadro precedente fuerzan que ninguno de los machones de apeo intercalados quede alineado con su frontero, salvo N17 y S17.
De igual manera, el patio que circunvala esta arquería, y en donde se plantea la presente actuación arqueológica, presenta la misma planta irregular. A este ámbito se accede a través de cuatro pasos, correspondientes a sendos rompimiento del citado muro o zapata corrido de pizarra, abiertos en los respectivos centros.
En estos pasos, dos escalones permiten acceder desde la cota de tránsito del claustro al jardín, de tal manera que éste se encuentra sobreelevado unos 40 cm. con respecto a aquélla.


4.-


Planteamiento de los trabajos.


Estos pasos se comunican con sendos pasillos de losas de piedra que, en el centro confluyen en una plataforma cuadrangular en la que se alza el brocal de un pozo. De esta manera, los pasos compartimentan el espacio del global del patio en cuatro sectores ajardinados con unas dimensiones de unos 8 x 8 m., con ligeras variaciones debido a la forma irregular del ámbito. Los restantes laterales, contra las arquerías, quedan ocupados por unas canaletas en chapacuña que sirve de conducto y drenaje de las aguas pluviales.
Es en esos espacios ajardinados, de unos 64 m² cada uno y un total de unos 250 m², en donde se pretende plantear la intervención, quedando los pasos como testigos. Asimismo, las canaletas laterales, al tiempo que definirán nuevos testigos para el estudio de la secuencia estratigráfica, impedirán que nos aproximemos a la arquería, aumentando de esta manera las medidas de seguridad.



5.-


Objetivos y valoración científica.


Este jardín central, si bien alterado en algunas ocasiones, constituye sin duda, un espacio arqueológicamente inexplorado, correspondiente, por lo demás, a la primitiva fábrica conventual medieval y gótica. Desde esta perspectiva, una actuación en el lugar nos ofrece la oportunidad de explorar la existencia de posibles restos de dicha época: época, por lo demás, con escasa representación en nuestra ciudad.
Entre esos elementos podrían figurar, algunos como el obligado lavadero conventual, así como el sistema de abastecimiento del mismo que, de hallarse vendrían a completar la visión de las primitivas instalaciones constructivas conventuales.
Por otra parte, no hay que descartar que estos niveles medievales se superpongan en su caso, a restos de época romana dado el origen de nuestra ciudad.
A tenor de los resultados de las intervenciones



6.-


Metodología


De cara a un registro documentado de los hallazgos, inmuebles y muebles, se impone establecer unos criterios metodológicos básicos que, como suele ser habitual se vincula básicamente a la propuesta de Richard Harris, plasmada esencialmente en la por él denominada Unidad Estratigráfica, U.E., concebida inicialmente por E.C. Harris y retomado posteriormente por A Carandini., basado fundamentalmente en una organización espacial del yacimiento durante el proceso de excavación que contempla la individualización de los diferentes elementos exhumados e identificados a lo largo del proceso de excavación, sean constructivos o secuenciales como elementos bases del registro.
En este contexto, como punto de alturas (Z) nos serviremos fundamentalmente de la medición m.s.n.m., a partir de las cotas existentes, tomando como Z = 0 el umbral del acceso al inmueble, en los 456,50 m.s.n.m., en cuanto el desarrollo y variación de cotas de los diversos trabajos y actuaciones así lo aconsejan En su caso, y dependiendo de los hallazgos podrían identificarse nuevas zonas, referenciadas mediante nuevos dígitos o letras, correspondientes a los diversos subsectores.
La base del registro será la denominada Unidad Estratigráfica o U.E., definición establecida en el sistema de análisis estratigráfico desarrollado por Harris y según los criterios plasmados en el conocido Método Matrix Harris. Por U.E. se entiende, por lo tanto, la capacidad de poder individualizar cualquier elemento durante el proceso de excavación (zanja, muro, estrato o capa...).
Cada unidad estratigráfica, por otro lado, será registrada y descrita en una ficha individual en la que se deberán detallar una serie de características. Se reconocen tres tipos básicos:
U.E. positiva: dotada de volumen, consecuencia de una sedimentación de origen natural o antrópica. Se denomina con el nombre genérico de “capa”.
U.E. negativa: carente de volumen, consecuencia de una acción natural o antrópica no materializada en una capa (una zanja, un pozo,...).
U.E. constructiva: y caracterizada por ser el resultado de una acción constructiva (un muro, un suelo,...).
Las relaciones estratigráficas y cronológicas entre cada una de las diferentes unidades estratigráficas registradas en la excavación quedarán, por último, reflejadas en los llamados Diagramas Matrix que serán, inicialmente, elaborados para cada zona. Posteriormente, la conjunción de todos ellos en el conjunto de todas las posibles zonas diferenciadas, nos dará, en primer lugar, una visión general espacio-temporal de la sucesión estratigráfica para cada zona y, finalmente, una visión global sobre la totalidad del yacimiento o del área excavada.
El registro documental supone la recogida exhaustiva de información plasmada en el dibujo planimétrico y a través de la fotografía, de cara a conservar un testimonio fiel capaz de reconstruir o reproducir con todo detalle los pormenores de la intervención arqueológica.
La documentación gráfica comprende todos las secciones y los planos necesarios que plasmen, respectivamente, las diferentes estructuras y U.E. registradas. Los planos que se dibujen durante el proceso de excavación deberán ser debidamente numerados y referenciados con respecto a las coordenadas generales del yacimiento.
La planta base de contexto relativa a cada U.E., o a las diferentes relaciones establecidas entre unidades estratigráficas, se realizará a escala 1:20 y, con idéntico valor, las referidas también a zonas y sectores. En cuanto a los planos generales del yacimiento, se empleará la escala 1:100. En general, el uso de una u otra escala gráfica puede verse condicionado por el volumen o la superficie de la intervención aunque, en lo posible, conforme a los principales criterios vertidos.
Si bien cada uno de los planos quedará inventariado correlativamente por zonas, las secciones podrán recoger secuencias estratigráficas referidas tanto al conjunto del yacimiento como a estructuras concretas. Así, los diferentes tipos de secciones (principales, secundarias o puntuales) se representarán a escala 1:20 y, de ser necesario, a escala 1:10, caso, por ejemplo, de una sepultura.
Por otra parte, la documentación fotográfica debe recoger las vistas generales de la intervención, así como otras vistas de más precisión en las que se puedan visualizar las diferentes zonas y sectores establecidos durante la excavación y, por último, las imágenes referidas a detalles parciales o puntuales. Se hará uso, en unos y otros casos, de los consabidos elementos de medición y de lectura que permitan un seguimiento correcto del trabajo realizado, o bien de las diversas explicaciones vertidas en el texto y referidas a él.
De igual manera, y en lo que se refiere al registro y toma de datos de los materiales susceptibles de ser hallados, digamos que la clave identificativa propuesta es CSF07 (Claustro de San Francisco, 2007) y que la identificación de los diferentes materiales en el preceptivo inventario comprenderá los siguientes apartados: excavación, sigla, número, tipo, clase, forma, tipo de pasta, tratamientos exteriores, decoración, observaciones y cronología









7.-


Conservación y difusión.


Entendemos que, al tratarse de una intervención en un espacio museístico, en el que, por lo demás, se custodian numerosos elementos de época romana, aparecidos en las excavaciones del subsuelo urbano, la intervención debe complementarse con un adecuado plan de conservación y difusión.
Desde esta perspectiva, se considera la posibilidad de montar una pequeña muestra expositiva, sustancialmente a través de imágenes, del transcurso, avatares y resultado de la intervención, complementada, en la medida de lo posible, por la documentación gráfica y escrita existente. De igual manera, a través de una exposición en Power Point, podría realizarse un montaje en los mismos términos. Asimismo, la conclusión lógica, y normativamente exigida, de todos estos trabajos, sería la redacción de la correspondiente memoria de resultados, cuyo publicación resultaría obligada.
Consideramos igualmente La posibilidad de que se exhumen restos de entidad, independientemente de su época, que permitan definir las diferentes etapas históricas del subsuelo del claustro, y, en su caso, de elementos constructivos significativos para el servicio de la comunidad franciscana que ocupaba el edificio, comporta, la consecuente conservación de los mismos, e incluso, llegado el caso, su remontado y restauración, según las cláusulas que se determinen en su momento por la Consellería de Cultura e Deporte de la Xunta, competente en el tema, y los acuerdos que se puedan llegar al respecto.
En este sentido, en los restos conservados, con las medidas de seguridad y mantenimiento convenientes, así como la documentación explicativa complementaria de cara a su puesta en valor, concurrirían tres elementos destacables.
1.- Constituiría la segunda experiencia de integración de restos arqueológicos en el ámbito espacial del Museo.
2.- Serviría de promoción al espacio su espacio más característico, como es el claustro.
3.- La comprensión del Museo como un elemento vivo.






Vista general del claustro, encuentro de las cruj ías S. y W.




Crujía N – Vista general externa e interna.

























Crujía S – Vista general externa e interna.



























Crujía E – Vista general externa e interna.

























Crujía W – Vista general externa e interna.




























8.-


Equipo técnico y operario.